Por Carlos Uzcategui
El Desafío de una Ciudad que se Duplica
¿Cómo puede una urbe en crecimiento exponencial
garantizar el acceso al recurso más vital sin sucumbir al colapso de sus
servicios? Este es el dilema fundamental que enfrentó Ejido al cierre del siglo
XX.
Aunque concebido hace más de 25 años,
el Plan Maestro de Ejido sigue siendo un referente por su claridad
metodológica, rigor técnico y visión a largo plazo. En un contexto actual
marcado por el cambio climático, la urbanización acelerada y la escasez hídrica,
sus principios resultan más actuales que nunca.
Es un documento que no es simplemente un manual
técnico, sino una hoja de ruta estratégica para el desarrollo social y
económico del siglo XXI. El desafío era monumental: diseñar un sistema capaz de
sostener a una población proyectada a duplicarse, pasando de 61,022 habitantes
a más de 120,000 en apenas 22 años. Como consultor, entiendo que la
infraestructura pública no es un fin en sí mismo, sino el cimiento sobre el
cual se construye la viabilidad de una ciudad.
El Reto Demográfico: No es solo Crecimiento, es
Transformación
El núcleo visionario de este plan reside en su rechazo
a la ingeniería reactiva, favoreciendo en su lugar el concepto de
"Población de Saturación". Según los datos del Cuadro B.1.1.
Ejido. Resumen de Población, la meta no era solo alcanzar una cobertura del
98% para el año 2020, sino comprender dónde y cómo se
distribuiría esa demanda.
El análisis reveló un matiz espacial crítico: las
zonas centrales de Ejido ya se encontraban en su punto de saturación física.
Por ello, el plan no propuso una simple expansión de red, sino una
reconfiguración para gestionar el crecimiento horizontal y vertical en los
nodos periféricos. Esta previsión evitó el sobreesfuerzo de los sistemas
centrales ya agotados y dictó el límite de la infraestructura basado en el Plan
de Desarrollo Urbano Local (PDUL).
"Se partió del análisis poblacional... y con base
en el plan de desarrollo urbano de la ciudad de Ejido, se procedió según las
densidades previstas para cada zona urbana, a obtener la población de
saturación respectiva." (Capítulo B, Sección 1).
Tesoros Ocultos: El Salto de los Ríos a los Acuíferos
Subterráneos
Históricamente, la ciudad dependió de fuentes
superficiales como el río Montalbán, la Quebrada Portuguesa y la quebrada La
Fria (compartida). Sin embargo, la experiencia indica que la seguridad hídrica
exige diversificación. El Plan Maestro propuso una transición estratégica hacia
la explotación de los "Acuíferos Aluviales" mediante pozos de
producción detallados en el Capítulo D.
Este cambio de paradigma no buscaba solo aumentar el
volumen, sino construir resiliencia climática. Mientras que las fuentes
superficiales sufren caídas drásticas de caudal o picos de turbidez durante
eventos climáticos extremos, las aguas subterráneas actúan como una salvaguarda
estable. El plan preveía que el sistema operara bajo un modelo híbrido,
utilizando los pozos principalmente durante las épocas de estiaje para
garantizar la continuidad del servicio. En este esquema, la planta de
potabilización "Eleazar López" se erige como el sistema nervioso
central, procesando y distribuyendo este equilibrio entre fuentes.
"El plan recomienda estudios hidrogeológicos
profundos como geofísica, perforación de extracción de núcleos y pozos de
investigación de producción antes de desarrollar la alternativa como proyecto
definitivo." (Capítulo A, Sección 3).
Ingeniería de la Altura: El Rompecabezas de las
"Zonas de Presión"
Suministrar agua en la geografía accidentada de Ejido
es un desafío hidráulico de alta complejidad. Para evitar daños estructurales
por exceso de presión en las zonas bajas o desabastecimiento en las cotas
altas, el plan segmentó la ciudad en tres zonas de gestión técnica, utilizando
una micro-gestión de tanques y válvulas:
- Zona Alta: Desde la planta Manzano
Bajo a 1377 m.s.n.m. hasta la cota 1160 m.s.n.m. Se apoya en una
red de almacenamiento crítica que incluye los tanques Hector Trujillo
(D15), Asoprieto, Inrevi (D7) y Aguas Calientes (D8).
- Zona Media: Comprende el centro de
Ejido y El Trapiche, entre las cotas 1175 y 1120 m.s.n.m. Esta zona
es alimentada estratégicamente por los tanques Subterráneo (D4) y
Metálico (D3).
- Zona Baja: Cubre los sectores por
debajo de la cota 1120 m.s.n.m., como La Vega, alimentada
principalmente por el tanque Centenario (D5).
Este diseño permitía que el sistema opere bajo el
"estándar de oro" de presión, manteniéndose estrictamente entre 15
m.c.a. y 70 m.c.a., asegurando la eficiencia operativa y la longevidad de
la tubería.
Sostenibilidad Real: El Equilibrio entre la Inversión
y la Solvencia Institucional.
Un plan de infraestructura que ignora la capacidad
financiera es un ejercicio de futilidad. El Capítulo F del informe destaca que
el éxito depende de la solvencia institucional de Aguas de Mérida. Para
protegerla, el plan enfatizó la prevención del "sobre-dimensionamiento"
de las obras, asegurando que cada inversión estuviese alineada con la capacidad
real de pago de los usuarios.
La estrategia se centró en la "Priorización de
Obras" para las Fases I y II, permitiendo que la ciudad creciera sin
asfixiar financieramente a la institución ni disparar las tarifas de forma
abrupta. Es fundamental entender que este Plan Maestro no fue concebido como un
mapa rígido, sino como un marco de trabajo flexible que exige revisiones
periódicas según las tendencias reales de crecimiento y la evolución económica.
El estudio se diseñó con el objetivo de
"...equilibrar las tarifas para los usuarios y las finanzas de la
institución en este caso Aguas de Mérida." (Capítulo A, Sección 1).
Conclusión: Una Visión de Futuro que Sigue Vigente
El Plan Maestro de 1999 demostró que la planificación
urbana y la ingeniería hidráulica son disciplinas inseparables. A través de un
crecimiento ordenado, fuentes diversificadas, una zonificación de presión
milimétrica y una viabilidad económica responsable, se trazó el camino para la
sostenibilidad de Ejido.
Hoy, décadas después de que se trazaran estas líneas, debemos preguntarnos como ciudadanos y autoridades: ¿Se ha cumplido la premisa central del plan el cual era que el aumento de la demanda poblacional se compensaría con una reducción drástica del consumo per cápita (pasando de un desperdicio excesivo a unos 210-250 litros por persona al día)?
Los planes
maestros no deben terminar en un archivo histórico; son documentos vivos que
nos recuerdan que el futuro de la ciudad fluye en cada gota que hoy decidimos
proteger.

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